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“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay otros que luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay quienes luchan toda la vida, esos son los imprescindibles”.Bertolt Brecht
Lamentablemente este tipo de hombres suelen ser criticados y juzgados por una falsa burguesía que se quedó anclada en los tiempos del nazismo. Gente valiente en manada y cobarde en solitario, falsa e hipócrita, mezquina y pusilánime, vacua de contenido y de forma. Cargada de prejuicios que sigue a un líder mequetrefe por unas migajas de inexistente importancia o por una mano que pasa por su lomo, son capaces de vender su dignidad a cambio de unos euros que le aseguren la subsistencia del mes. Son los vómitos del siglo XXI, producto de un mal viaje por mezclar drogas duras: la incultura y la insolidaridad.
A toda esa gente, Martin Niemöller, les dedicó este maravilloso sermón:
«Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,
Cuando vinieron a buscar a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,
Cuando finalmente vinieron a buscarme a mi,
no había nadie más que pudiera protestar.»
Por esta razón cuando una jauría de hienas sale de caza, en busca de un imprescindible, protesto a cara descubierta : Me da igual que sea comunista, socialdemócrata, sindicalista, judío o trapero. Si vais por él… os encontraréis conmigo.


























